¡Adelantada Navidad!

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Photo Agatha Vázquez vía Compfight

¡Ya huele a Navidad!

Sales a la calle y te encuentras con los decorados y luces navideñas, los puestos de castañas asadas y ya estás pensando en el “amigo invisible” de la cena de empresa, por cierto ¿quién te tocará?… Nos hacemos de armas monetarias y siendo previsores/as vamos haciendo acopio de productos navideños, ahora están en su mejor momento, a última hora subirán de precio y además no queremos que nos falte ni un solo detalle.

El horror para nuestra dieta comienza desde el momento en que pisamos las grandes superficies para realizar la compra. Los lineales de turrones y polvorones rebosan de llamativos colores para captar la atención. Y si bien el jamón, los langostinos o el cava ‘puede’ que se mantengan intactos en la despensa o congelador hasta el día clave, lo más probable es que acabemos sucumbiendo y degustando las tentaciones mucho antes de que llegue el verdadero espíritu navideño.

Los alimentos no se acaban, siguen ahí incluso meses después de acabar las fiestas. Aparecen en los lineales de repente sin venir a cuento y piensas ¡si ya pasó la Navidad!. Lo mismo sucede ahora, si no estamos en Navidad y esos dulces/productos son exclusiva y tradicionalmente de esas fechas, esperemos a la bendita ocasión para degustarlos y así nos sabrán mejor porque los disfrutaremos el doble y sin excedernos tantos días previos.

Faltan tres semanas para Navidad y si las sumamos a los días puramente navideños en los cuales casi tod@s, en mayor o menor medida, vamos a pasarnos con las comidas de algún u otro modo, los festines se convierten en un caos nutricional. Se hace difícil en esas fechas, aunque no imposible, equilibrar nuestra alimentación. Para no empezar a destrozar nuestro plan alimenticio de un modo tan precipitado y que tenga el doble de consecuencias para nuestra salud, tomad nota de los siguientes consejos:

  • Planifica tus menús de modo que sepas exactamente lo que necesitas y no compres por comprar.
  • Haz una lista de la compra y cíñete lo más ajustadamente a ella, siempre se puede improvisar pero compara y ten en cuenta el valor nutricional.
  • Compra lo que necesites de momento para la cena o para los postres. No acumules en casa muchas tentaciones. Los supermercados abren entre semana y no se van a acabar las existencias.
  • Introduce las verduras y hortalizas en el menú. Te aportarán nutrientes saludables y saciedad, así controlarás mejor la ingesta de otros alimentos más calóricos.
  • En las cenas navideñas de empresa tendremos de nuevo el factor peligroso de las tentaciones, disfrútalas con moderación. Tu hígado y tu estómago te lo agradecerán.
  • Aprovecha el fin de los postres del festín para levantarte de la mesa, poner música y bailar. No hay mejor terapia navideña para quemar grasas que bailar y reírse disfrutando de una buena compañía.
  • Cuidado con el alcohol, es una gran fuente de calorías vacías. Elige los de menos graduación alcohólica y si te sirves un combinado (cubata) elige refrescos light.

“La Navidad es mágica, no la convirtamos en un desastre por malas gestiones alimentarias”.

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